13/6/17

Big Little Lies


Hace ya mucho que terminé de ver Big Little Lies y sabía que tenía que hablaros de ella. Porque debéis verla. De verdad, si os fiáis aunque sea un poquito de mi criterio, tenéis que darle una oportunidad. Por fin se nos ofrece una serie sobre mujeres sin ser únicamente para mujeres, y la historia se nos presenta desde una mirada femenina, y no masculina, como estamos acostumbrados ya a ver. Pero no os dejéis engañar: la serie habla de muchos temas, a cuál más importante: relaciones abusivas, maternidad y machismo, entre otros, siempre con un tono oscuro pero esperanzador.
Esta es la historia de tres mujeres: Madeline Mackenzie, Celeste Wright y Jane Chapman. Madeleine es una mujer fuerte, divertida y apasionada que recuerda todo y no perdona a nadie. Celeste es el tipo de mujer hermosa que hace que todo el mundo se detenga a mirarla, algo que sabe aprovechar a la perfección. Por último, Jane es una madre soltera que es tan joven que a menudo es confundida con una niñera. Celeste y Madeline son las únicas que apoyan a Jane y la convencen para que lleve a su hijo a la misma guardería donde van los suyos. 
Todo parece ir bien hasta que, casi sin darse cuenta, sus vidas va cambiando poco a poco y se ven envueltas en asuntos como la infidelidad, la violencia doméstica, el acoso escolar e, incluso, el asesinato. Aunque ninguna de ellas lo sabe, la llegada de Jane y su hijo ha cambiado algo que afectará a toda la ciudad y ellas no tendrán más opción que esconder un oscuro secreto que amenaza con destruirlas.
Lo que más me sorprendió a lo largo de los capítulos fue el feminismo que iba abriéndose paso sin alzar la voz, simplemente mostrando situaciones desde un punto de vista en el que las mujeres tienen voz para contar su propia historia. El feminismo en la relación de las mujeres de la serie no es perfecto: entre ellas hay celos y competitividad, pero acaban aprendiendo a ayudarse las unas a las otras. El instinto de "estamos juntas en esto, contra algo más grande que nuestras diferencias" está cada vez más latente, y en el último capítulo, cuando por fin descubrimos quién ha muerto y cómo, este sentimiento llega a su punto máximo. Además, por fin se nos muestra cómo son las amistades entre mujeres, que son, nada más y nada menos, que amistades normales y corrientes, y no como suelen mostrarse en la ficción (demasiado sentimentales, artificiales y, sobre todo, enfocadas a hablar sobre los hombres de la historia). Aquí encontramos a tres amigas que son capaces de cualquier cosa para ayudarse y defenderse del machismo y los abusos que sufren.

Otro aspecto que me llamó la atención fue que las mujeres de la historia pertenecen a una clase alta. Viven en casas enormes y lujosas a pie de playa y conducen coches que seguramente valen todo mi sueldo de un año, pero eso no las hace inmunes a los abusos, al machismo y a la misoginia que las rodea. Por eso llama la atención ver a mujeres en la ficción cuyas tramas no giran en torno a satisfacer a los hombres de su alrededor, sino a su amistad y cómo les ayuda a enfrentarse a los problemas. El miedo

En cuanto al montaje, forma parte del encanto de la serie. Es una MARAVILLA. No puedes apartar la vista de la pantalla porque corres el riesgo de perderte detalles esenciales a la hora de entender a los personajes o conocer partes de su pasado y su presente. Hay pequeños flashes, momentos, recuerdos que aparecen apenas dos segundos, sin sonido ni sentido, tal cual aparecen algunos pensamientos en nuestra mente sin avisar y que nos tienen pensando "por qué he pensado en eso de pronto". No es más que otra manera de hacernos entrar en la mente de los personajes y entenderles un poco más, pero se hace de manera tan sutil que llega a formar parte de la esencia de la serie sin que te des cuenta.

Solo cuenta con una temporada, ya que se trata de la adaptación de una novela autoconclusiva, así que no tenéis que preocuparos de esperar por la continuación. De verdad, creo que no os arrepentiréis. Big Little Lies me ha parecido una serie muy importante, interesante y original en cómo se acerca a ciertos temas. ¡No os olvidéis de decirme qué os ha parecido si os animáis a verla!

15/4/17

Desayuno en Júpiter (Andrea Tomé)

Hay algunos libros que adoro por diferentes razones: algunos me gustan por los personajes, otros por la estructura narrativa, otros por la narración. Otros, simplemente, porque me entretienen y la historia me gusta. Pero a veces, muy pocas veces, me encuentro con una novela que lo tiene todo para pasar a formar parte de mi lista de favoritos, y Desayuno en Júpiter lo ha conseguido, poco a poco y con buena letra.
Cuando Ofelia y Amoke se conocen, sus mundos parecen completamente contradictorios. Ofelia es el caos, la apasionada por la astronomía que ha suspendido la Selectividad y que pasa su año sabático en Gales con su padre, vendiendo mermelada orgánica, cazando liebres con su amigo Harlon y tratando de encontrar su propósito en la vida.
Amoke es el orden, una solitaria y responsable estudiante de Biología que pasa todo el tiempo que no está en la universidad cuidando de su hermano Tayo y leyendo libros de Charles Darwin. Lo único que Ofelia y Amoke tienen en común son Virginia Wonnacott (una excéntrica y ermitaña novelista de noventa y dos años), la Asociación Hiraeth (una peculiar ONG) y la sensación de no tener una vida completa.
Cuando Virginia Wonnacott le ofrece trabajo a Ofelia como su asistente personal, los mundos de estas dos chicas se juntan. Mediante discusiones, libros de segunda mano, cartas y WhatsApps de madrugada, Ofelia y Amoke se entrelazan en un viaje para encontrar un futuro que no sabían que existía y descubrir los sentimientos de la una hacia la otra.
Empecé a querer a Amoke y a Ofelia sin darme cuenta, casi sin querer. Las dos protagonistas se alternan la narración y el cambio de narrador no te saca en ningún momento de la historia, sino que le confiere un ritmo que contrasta con la lentitud (y no lo digo de manera negativa, sino todo lo contrario) de la historia y la evolución de los personajes y sus historias. Ofelia es dulce, valiente y divertida, y habla sin parar aunque ella siente que no dice nada importante. Amoke, en cambio, es tímida, calmada y le cuesta hablar con la gente, por lo que prefiere escribir. Se encuentran la una a la otra en el lugar y el momento perfecto, destinadas (si uno cree en el destino) a hacerse amigas y convertirse en el lugar seguro de la otra, dando pie, poco a poco y de una manera tan tierna y de verdad, a algo más.

Pero también quiero hablaros de los otros personajes. Harlon, con sus secretos, sus liebres y sus miedos, que se ha convertido, creo, en mi personaje favorito de la novela. La señora Wonnacott, una escritora a las puertas de la muerte que decide contratar a Ofelia para escribir su biografía, que ha sido, quizás, la parte de la narración que más especial me ha parecido y que más me ha emocionado. También pienso en Lisandro y su sentido del humor, en Tayo y su fortaleza, en Jimmy Race y su sonrisa, que tan poco me cuesta imaginar.
Ojalá existiese una palabra que definiese la certeza de que tu alma y tus huesos están hechos de magia, noche y libertad.
Desayuno en Júpiter no solo me ha sorprendido, sino que se ha quedado en mi corazón por muchas razones. Sigo pensando en los personajes, en todo lo que se dice entre líneas, en todo el mundo que se crea alrededor de la historia, que es todo tan orgánico y nada sobra, todo importa, y que incluso tiene colores en mi cabeza. He aprendido tantas cosas, y me ha hecho pensar en tantas otras, que solo puedo agradecerle a Andrea por su talento y su valentía. Si os fiáis un poquito de mí, dadle una oportunidad a esta novela. Es tan especial... Ay. Tenéis que conocer a estos personajes y dejaros llevar.
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